arapaDASBESTAS (PONTEVEDRA)
©Pablo Torras. Country Sessions.

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La rapa es una fiesta tradicional cuya finalidad inicial era marcar y revisar el estado de las manadas de los caballos. Pero hoy es mucho más que esto. Es el rito de unión del hombre y el ciclo de la naturaleza.

Así como la fiesta de los toros no se sabe muy bien donde tiene su origen pero se extiende por todo el Mediterráneo desde la Grecia antigua hasta España, la fiesta de los caballos, no se sabe tampoco de donde viene, y se extiende por todo el mundo. Ambas son un intento de comprender y exorcizar las leyes de la Naturaleza.

Desde que suenan los primeros petardos que anuncian el comienzo de la fiesta, el nerviosismo salta al monte y algo especial flota en el ambiente.

La fiesta llega con el buen tiempo y el despertar de la Naturaleza. Pero no es una lucha contra ella, sino un aprender de ella en que todas las generaciones cobran su protagonismo. Mientras en la ciudad los niños creen que la leche viene de la fábrica, se les oculta el origen de la carne que comen, y los animales viven hacinados y parecen más una fábrica de proteínas donde interesa que tengan un crecimiento tan rápido como el ajetreo de las personas que les van a consumir, todavía hay algunos pueblos donde tienen importancia esas pequeñas cosas que dejamos en el camino a esa carrera desenfrenada que llevamos a ninguna parte. En la Rapa el ciclo de la vida se muestra en todo su esplendor y dureza, y no es raro ver a los aldeanos observar extasiados la belleza de los animales.

Aunque la fiesta tiene un programa marcado rigurosamente, el ritmo lo marcan los animales, que no están dispuestos a dejarse coger.

Por la mañana comienza su búsqueda. Es un rito eminentemente comunitario, donde es necesaria la colaboración de todos. Los ojeadores y los que acorralan y dirigen los animales al punto de reunión y descanso en el monte. Unos van orgullosamente a caballo, otros en motos y quads, pero sigue habiendo aquellos que van a pie saltando por encima de los brezos monte arriba, bajo un Sol de justicia como si no hicieran nada. Es el momento donde los chicos y chicas exhiben todas sus habilidades lejos de los convencionalismos de las calles del pueblo.

Luego viene el descenso de los animales a la carrera hacia las calles del pueblo hasta un punto de descanso y recuperación previo a la entrada al curro o ruedo.

Es el tiempo de la comida, del encuentro entre grupos y familiares para comentar las novedades del año y donde se cruzan las miradas de complicidad.

Los puestos de las delicias culinarias de la zona se alternan con los comercios de artesanía y los feriantes, y surgen las máquinas de refresco conectadas a puntos imposibles en los prados.

La hora de la verdad llega con la entrada el curro de los animales. En un primer momento los niños apartan los potrillos de sus madres. Tiene una doble finalidad. Por un lado las yeguas no se sienten amenazadas y por otro los niños se inician en la fiesta, superando sus temores con el coraje por incorporarse a la vida adulta.
Con la mezcla de las manadas, no son raros los enfrentamientos entre caballos por defender su posición, pero enseguida comienza la selección de animales para la rapa.

Aunque el derribo de un caballo cuyo peso es de 4 ó 5 veces el de un hombre requiere fuerza, no se podría hacer sin la labor de equipo y la experiencia de los mayores.

Las emociones se suceden desde el respeto ante al animal hasta la determinación para escoger uno y superar los revolcones del animal contra el suelo, las patas de otros caballos u o las piedras del muro para librarse la persona que lo sujeta. Finalmente surge la expresión de satisfacción compartida por el objetivo cumplido.

Mientras, los mayores comentan las mejoras que ha introducido la sociedad industrial a las labores del campo, pero se preguntan a dónde nos llevará la desconexión creciente con las fuerzas de la naturales. La festa da rapa das bestas se debate entre el espectáculo y el rito comunitario del encuentro con el ciclo de la vida.

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