sierradeANDÚJAR
(JAÉN)
©Pablo
Torras. Country Sessions.
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Dicen
que cuando llegó el comisario europeo de inspección por
España, se asombró de la cantidad de terreno silvestre
que aún nos quedaba. Es una de nuestras grandes riquezas y debemos
saber administrarla. Es un fenómeno que como la salud no nos
damos cuenta de su valor hasta que nos falta. La serranía andaluza
está cargada de historia, cultura, y sobretodo de unos inestimables
valores naturales.
Por
la forma de su aprovechamiento del campo, que alterna el uso agrícola
de olivos, encinas, alcornocales y demás árboles mediterráneos,
con la utilización por la ganadería brava y la fauna silvestre,
no es raro ver convivir en sus fincas todo tipo de especies animales.
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Cuando
llegamos a Baños de la Encina se nos olvidaron los planes de
cubrir todos los aspectos fotográficos de la zona al ver las
señales de circular con precaución por la posibilidad
de encontrarse con linces. Nadie quería perderse el espectáculo.
Nuestra excitación fue tal que decidimos permanecer juntos en
vez de dividirnos en grupos para cubrir más exhaustivamente todo
su territorio. Nuestra emoción por ver este pequeño fantasma
del bosque fue tal, que preferimos permanecer por los lugares de más
alta probabilidad junto a Jose Luís, nuestro amigo y experto
guía de la zona, que nos acompañaba.
El
objetivo de ver al lince no fue posible, pero ganamos en compartir los
buenos momentos de rastrear cualquier rincón en su búsqueda,
de las historias locales de jornadas cinegéticas y de las anécdotas
de los avistamientos del lince. Incluso las esperas al acecho no se
hicieron largas, sino más bien al contrario, el buen humor reinante
se hizo contagioso a todos aquellos que nos rodeaban, ornitólogos,
naturalistas, etc.
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Al principio, la escasez de lluvias
de todo el año, el estado de sequía del pantano y de algunas
zonas de montaña, no nos hizo presagiar nada bueno, pero poco
a poco la naturaleza de la serranía que presidía el Santuario
de Nuestra Señora de la Cabeza, se nos fue introduciendo de tal
manera, que las labores agrícolas y ganaderas nos parecían
tan cotidianas como las escenas de la berrea de los ciervos, la ronca
de los gamos, las bandadas de aves acuáticas, los vuelos de los
buitres, los pequeños ofidios que controlaban la población
de roedores, los enfrentamientos entre los toros bravos o las bellezas
paisajísticas de sus bosques y fuentes.
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Acabamos el viaje con la esperanza de
que nuestras cámaras pudieran reflejar los buenos momentos pasados,
pero sabiendo que esto era secundario, ya que éstos quedarían
guardados en nuestra memoria y que estaban al alcance de cualquiera
que se acercara por la sierra.
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